Mario Puzo escribió su famosa novela El Padrino por dinero. Uno no sabe que es capaz de resolver un complicado problema de matemáticas hasta que pone todo su empeño en un examen. Muchos no son capaces de escribir 100 páginas hasta que se ven obligados por un requerimiento académico… Y así podríamos seguir.
Por otro lado, todos los primeros de año se hacen un montón de buenos deseos: dejar de fumar, aprender una lengua etc. Pero estas metas que nadie exige, más que uno mismo son muchas veces incumplidas…
Si te pido: Escribe un texto en un folio en blanco sin ninguna instrucción hasta llenar una hoja de papel, ¿cuánto tiempo tardarías en elegir un tema, la palabra adecuada? ¿No te preguntarías si es divertido o suficientemente bueno? ¿No sopesarías la reacción de los demás a leerlo?
Pero si en cambio te digo: Escribe una historia de un dragón y una princesa para niños en 300 palabras y sin usar la letra ñ. Además debe haber emoción, aventura y un final inesperado. Y tienes 10 minutos para hacerlo! Tal vez no lo conseguirás, pero seguro que te habrás puesto a escribir con mucho tiento. Y si te dejara dos o tres oportunidades, al final tendríamos un resultado aceptable.

Cuando se vive en un régimen opresor y muchas cosas están prohibidas, es muy fácil identificar los objetivos deseables para, por ejemplo, un periodista crítico. Sólo hay que hacer lo que está prohibido, dejar en evidencia las contradicciones del poder… Más allá de su capacidad para llevarlas a cabo, se le ocurrirán mil posibles acciones que merecerían la pena…
En cambio, si un artista moderno vive en la ciudad Nueva York, gran consumidora de novedades pero también gran olvidadora de cosas pasadas de moda… donde existe plena libertad de acción pero en cambio es difícil ya transgredir… Tal vez tendría que recurrir al recurso de lo vulgar y revolver entre los bajos instintos… Como esa habitación que se encendía y se apagaba sola o la Merda d’artista qué literalmente es eso. Quizá bastaría con señalar cualquier cosa que nunca haya sido considerado arte, simplemente meterla en un lugar llamado Arco (¡ver un divertido ejemplo!) sobornar a un crítico instalado para que nos alabe (si hace falta) para crear arte…
Hoy hay más tiempo y recursos para llevar a cabo nuestros proyectos que para la mayoría de creadores de otros tiempos, que tuvieron que lidiar con las limitaciones de acceso a la información y el conocimiento -no había Wikipedia-, también la sociedad era muy represiva contra la novedad e intolerante contra lo transgresivo. Por no hablar de que muy pocos tenía tiempo material para poder dedicarse a cualquier cosa que no fuera subsistir.
Quizá, la libertad y recursos de la que disfrutamos en la sociedad occidental, libertad de opinión nos demande un mayor esfuerzo y motivación para desarrollar ideas verdaderamente originales.