Mi viaje #4: de Riga a Haapsalu, Estonia

Ξ Agosto 31st, 2006 | → 0 Comments | ∇ Europa del Este, Viajes |

Riga

Riga estaba espléndida. Tenía un festival de nosequé, que para resumir diré que me pareció como las Fiestas del Pilar pero a la Letona.

Riga con 800.000 habitantes acumula la mayor parte de la población de Letonia al estilo de Zaragoza. Se trata de una ciudad con un casco viejo muy bien conservado y llena de color con alguna calle llena de turistas.

Como curiosidad está la torre de Riga, la estructura construída más alta de los Países Bálticos construída de 1979 a 1986 por el gobierno comunista. Es más alta que la torre Eiffel (369 contra 320) y yo diría que una no supera en belleza a la otra. Si la Torre Eiffel la hubieran construido los comunistas y la torre de Riga en París, seguro que seguriamos teniendo a los turistas en París locos por subierse a cualquiera de las dos.

Al fondo la Torre de telecomunicaciones de Riga

Lo más interesante sin embargo, fue el Museo de la Ocupación Soviética que me recordó enormemente a lo que os conté de Polonia. En el museo los letones muestran las heridas que los rusos les dejaron:Ya desde el primer año de la Revolución de Octubre (y mucho antes en realidad), La Unión Soviética intentó anexionarse por la fuerza los 3 países Bálticos y Finlandia, aunque éstos se defendieron con las armas y derrotaron a una Rusia devastada por la Revolución y la Primera guerra Mundial; entonces en 1918 Letonia y los países Bálticos declararon su independencia. Este período dulce duró hasta que la Unión Soviética anexionó el país en 1940 en el acuerdo soviético-nazi (pacto Ribbentrop-Molotov) . Cuando los nazis se retiraron del territorio báltico, Stalin no dudó en ir ocupando el territorio que dejaron los nazis hasta Berlín, formando lo que se conoció como bloque soviético tal como todo el mundo sabe.

Volviendo al siglo XXI… Me fui a tomar una birra con los los amigos de mi letona. Tengo que decir que estos amigos eran unos jóvenes muy cool. Empezamos a jugar al foodball que básicamente consiste en hacer toques con una pelitita minúscula entre un grupo sin dejarla caer al suelo porque no tiene aire dentro sino arenilla. (No confundir con el restaurante snob de barcelona del mismo nombre)
Las bicis de estos jóvenes eran muy guays (caras) y además ellos hacían piruetas con ellas de esas que siempre he querido hacer. Luego de un rato de toques y cerveza me agenciaron una bici no cool (muy cutre) con la que les tuve que seguir por la ciudad. Las chicas y yo íbamos detrás mientras los jovenzuelos guays iban a toda mecha haciendo pijadillas.

Tengo que decir que me caí de la bici después de casi una década sin hacerlo y eso que no estaba haciendo nada extraño. Simplemente iba sin manos y el sillín iba un poco suelto y… Plof!

Llegamos a una campa donde la gente se aglomeraba. Había una exhibición de Trial de bicis (¡lo que les faltaba para motivarles! ¿Será un deporte en auge?), saltos de Snowboard (sin nieve claro) y algunas cosillas varias. Lo mejor fue terminar la noche en una plaza donde había una discoteca al aire libre sin sonido ambiente, donde todos los que estaban dentro tenían sus cascos para escuchar la música. Es una idea que empezó en Ámsterdam y que se extiende. Lo mejor es que cuando te apetece comunicarte verbalmente con un prójimo, simplemente tienes que sacarte los cascos y fiesta. Para ser sincero soy un poco escéptico de que la idea se vaya a generalizar una vez se pase la novedad, ya que no deja de ser un poco raro encontrarte bailando en un lugar silencioso mientras la gente te mira raro; el ambiente no es el mismo y lo que más me temo es que a la gente le gusta tener una coartada para no tener que hablarse. Más info en español.

Este logo no sé qué tiene pero me encantó
desde la primera vez que lo vi en 2003

En par de días di la ciudad por vista y me dirigí en bus -no hay otra cosa- a Haapsalu, ciudad en la costa oeste de Estonia de un tirón, donde Cristina de Hospitality Club me alojó durante un par de días. Se suponía que iba a ser un sitio de playa y tal aunque reconozco que no sabía casi nada del sitio hasta que mi anfitriona me empezó aclaró un poquito. Se trata de una pequeña ciudad en la costa, donde los ricachones de Tallin se retiran. Hay un bonito castillo y en el paseo marítico hay un banco que al sentarte te toca una melodía de Tchikovsky, ya que fue allí donde se inspiró para componerla.

Cristina vive con su madre, que es rusa, y su novio. En casa hablan ruso como el 30% de los habitantes de Estonia y son considerados y se consideran simplemente “rusos en Estonia”, restos de la ocupación Soviética. Su padre en cambio es étnicamente estonio, así que ella tiene la suerte de hablar ambas lenguas a la perfección, además de polaco e inglés (y creo q me dejo una).

Vista general de Haapasalu

 

Mi viaje #3: De Grodno, Bielorrusia a los países Bálticos

Ξ Agosto 17th, 2006 | → 1 Comments | ∇ Europa del Este, Viajes |

Aunque en el mapa no se ven muy bien las ciudades (a pesar de haberme
pasado un rato haciéndolo), intentaré suplirlo con mis comentarios

Salgo en bus de Grodno dirección Druskininkai, el primer pueblo Lituano pasada la frontera. Tardamos dos y media en hacer 30km. Por el paso de frontera, donde parece que analicen los pasaportes en laboratorio. Tanto la policía bielorrusa como la lituana se toman casi una hora. En el bus sospecho que estoy rodeado de pequeños contrabandistas que comercian con productos que no son accesibles en Bielorrusia. Es una buena métafora de la situación política regional: muy cerca geográficamente pero muy lejos políticamente.

Una vez en Druskininkai, no hay sitio para cambiar dinero, y no me parece muy razonable, ya que es el primer pueblo tras pasar la frontera. Cuando encuentro una persona que habla inglés, me dice que de haber sería en la ciudad, pero que estará cerrado porque hoy es fiesta nacional. Sin dinero no puedo ir a Vilnius ni volver a Grodno. Encuentro una chaval que escucha mi problema y me lleva en coche hasta un cajero automático, donde hago uso de esa cosa tan útil (comisiones a parte) que es la VISA.

Tres horas más tarde llego a Vilnius (por cierto en español se dice Vilna pero a mí me suena muy snob). Después de asegurarme de que efectivamente estoy en la ciudad deseada, compro un plano, me meto en un ciber para ponerme comunicarme con mis contactos de Hospitality Club y… ¿Quién no ha confundido Lituania y Letonia alguna vez? Pues yo no fui menos y por un lapsus resulta que mis reservas de Hospitality Club estaban en Riga, Letonia. No pasa nada, atravieso las hordas de turistas europeos que abarrotan el centro histórico, me meto a un cyber y tras unos SMS’s y unos emails consigo alojamiento. No es difícil porque en Vilnius hay la friolera de cinco mil miembros de Hospitality Club!

Al final Simonas, un profesor de inglés pluriempleado, se ofrece a ayudarme: tomo un taxi para ir a su casa porque estoy cansado y está lejos, parece que él tiene prisa y además después de Bielorrusia estoy muy mal acostumbrado a los taxis baratos. El taxi no es nada barato –luego os cuento por qué– pero llego enseguida, pulso el código de la puerta, que Simonas me había mandado por sms, y subo hasta la sexta planta (en estos casos siempre resulta ser el último piso). Simonas es encantador y la casa está muy bien. Tiene 31 años, es profesor de inglés, máster en literatura americana y trabaja además en una compañía electrica (”se necesitan dos trabajos para vivir decentemente en Lituana”). Vive con Helene, su novía de 23 años, licenciada de filología francesa, con unos ojos preciosos.

Lo primero que hacemos es ir a comprar. La visita al súper es como un rally. Debo decidir que cereales quiero inmediatamente. Casi no he dormido y pregunto a Simonas porqe corre tanto. No me deja nada claro, pero debemos seguir apresurándonos. Duermo una hora mientras el trabaja en una traducción. Tomamos una cerveza y tenemos una conversación interesante. No sabía que el lituano era la lengua indoeuropea más próxima al sánscrito ni que Prusia fue originalmente un pueblo báltico, cuyo nombre fue usurpado por los alemanes que ocuparo su espacio geográfico. Los caballeros teutones cristianizaron las tierras del sur y este del Báltico mientras se apropiaban del territorio en La Edad Media.

Al día siguiente despierto y encuentro a Helène. Ella ha tenido un problema con el sistema nervioso (no había podido mover la parte derecha del cuerpo ayer) y está algo decaída. Yo arrastro un buen catarro. Me cocina una tortilla de cinco huevos. Busco en Internet otro anfitrión por Hospitality Club “unos rusos” vendrán con sus bicicletas en su ruta báltica.

Luego ambos dormimos hasta las cuatro. Simonas regresa y vamos en bici hasta un lago. Hay muchas cuestas pero al final me encuentro cómodo en la bici (debe recordarse que arrastro un catarro). El sitio es hermoso y la traducción de su nombre lituano es “Lago Verde”.

Al volver llegan los anunciados rusos con las bicis por Hospitality Club que resultan ser una madre y sus dos hijas. La mayor tiene 20 años aunque aparenta muchos menos y Simonas vacila si ofrecerle cerveza o no.

A las 8 estoy citado con mi nuevo anfitrión, anfitriona en este caso. Se llama Indra “como una deidad india” y no como la empresa española de armamento. Al principio para algo incómoda y me ofrece ir a tomar una cerveza antes de pasar por casa (¿querrá asegurarse primero de no estar metiendo a un psicópata en su hogar?).

Tomamos una cerveza en una terraza en un barrio bohemio y me cuenta una parte de su vida. Se presenta como folósofa y me cuenta que además de licenciada tiene un máster también en filosofía. Traduce textos de filosofía del inglés y trabaja en la investigación biomédica y “sus problemas éticos”. Acaba de llegar de Marruecos y no puede evitar hablar del tema; se nota que aún está embriada de aquél país “el mejor país del mundo”. Con la segunda cerveza se le va alegrando la cara. Somos los últimos clientes en marcharnos. Con cierta despreocupación chispeante se olvida el tabaco y me toma del brazo. “No sé si quedan autobuses pero ya nos las arreglaremos…” A mí el plan me parece muy bien y andamos por Vilnius durante un rato. No sé a donde vamos ni cómo llegaremos a casa, ni como es esa casa ni donde está; pero ello no me impide disfrutar del momento.

Finalmente llegamos a su casa que comparte con un chico, que no me queda muy claro si es su novio o no. En todo caso, el tipo, llamado Vilius (casi como la ciudad), nos recibe con la mesa preparada. Él también es licenciado en filosofía y también traduce. Me intentan convencer de que ellos normalmente duermen sobre el suelo y que a mí me corresponde la cama. En circunstancias normales no lo hubiera creído, pero intuyo que estos filósofos duermen cada día sobre el suelo.

Indra queda con unos amigos y Vilius enseña la ciudad. Luego de un rato de turismo nos encontramos con Indra y vamos a tomar unos “Zeppelines” (comida típica lituana) a un restaurante del centro. Nos sentamos y nos dicen que se les han acabado zeppelines; ipso facto los dos se levantantan y nos vamos a otro que sí tiene. La ciudad es bonita aunque no hice demasiadas fotos.

Estatua en Vilnius

Casa ocupada muy chic

El día siguiente Indra y yo vamos a casa de Simonas, donde esta vez es un italiano muy viajado por el mundo el que tiene como huésped. Charlamos un rato viendo fotos del viaje de Simonas a Escandinavia en bici y luego nos vamos de parranda como se aprecia en la foto.

“Vilneando”

Ieva, mi última anfitriona no me ha entendido bien; he tenido que salir de casa con ella cuando salía al trabajo, lo que no habría sudo tan malo si no fuera por la lluvía que caía sobre Vilnius. Además me ha indicado mal y he dado un rodeo para enconar un ciber que además estaa cerrado. Después de casi media hora andando bajo lluvía (me acuerdo del del paraguas olvidado en Grodno), he llegado a la estación de buses: no hay autobuses a Riga hasta las 13:30, dentro de tres horas y media: estoy solo y mojado. La dependienta de Eurolines me indica donde hay Internet; voy y no lo encuentro; salgo de la estación (lloviendo) siguiendo de forma creativa sus indicaciones y nada. Pregunto y tampoco.

Mientras escribo esto estoy siendo observado por la mesa de enfrente en la cafetería de la estación. Dos chicas y un chico (con la cabeza rapada), que beben cerveza (kein Bier vor vier?) y comen cacahuetes. Las chicas solo me mandaban alguna miradita, pero cuando me he puesto la cinta en la cabeza no han podido disimular. ¿Tan raro es? Ahora miran mi mochila con curiosidad. Supongo que cuando vean la PDA con que escribo esto, me recordarán como la cosa más extravagante que nunca hayan visto.

Llego a Riga una hora antes de lo esperado y es que en la ventanilla me habían dicho que tardaba 4 ó 5 horas, q por supuesto yo interpreté como 5.

Inga de Hospitality Club me viene a recoger y me sorprende cuando me cuenta que ella y Aiga estuvieron con Tomás en Zaragoza… No me lo esperaba porque el contacto me lo había dado Marta de Varsovia. La casa es antigua pero muy grande y además podré tener la habitación de Aiga para mí solo.

 

Mi viaje #2: Summer University en Grodno y excursión a Minsk

Ξ Agosto 2nd, 2006 | → 4 comentarios | ∇ Europa del Este, Viajes |

Mapa de Bielorrusia

Aunque en el mapa podéis leer Hronda, se trata de Grodno en su versión en Bielorruso. Normalmente tanto el ruso como el bielorruso se escriben exclusivamente en alfabeto cirílico “Гродна”. Por esta razón algunos nombres transcritos al alfabeto latino tienen varias versiones; no hay una transcripción inequívoca.


Teatro soviético de Grodno

Grodno es una ciudad de unos 300.000 habitantes en la frontera con Lituania y Polonia. A pesar de eso la relación con sus vecinos es más apagada de lo que cabría pensar, dada la situación de aislamiento que este país vive con todos sus vecinos excepto con Rusia. Esta ciudad fronteriza ha cambiado de manos infinidad de veces, al estilo de la Alsacia. En este caso ha sido a cuatro bandas: Lituania, Polonia, Rusia y la propia Bielorrusia cuyas fronteras se han movido muchas veces.

El primer día conocemos al grupo. Muchos holandeses y muchos españoles, todos los cuales hemos venido por libre. Hay muchas chicas en la organización de AEGEE-Grodno, aunque Sergei es el presidente. Las chicas hacen un trabajo más sucio y los pocos chicos que hay hacen cosas importantes o nada en absoluto. El rol de masculino y femenino está en este país como en Rusia aún muy marcado.

AEGEE por cierto es una organización no legal y casi clandestina dado su color europeísta pro-UE, que choca con las filiciaciones pro-rusas de Luckashenko.

Basil, miembro de la organización y muy comprometido políticamente, nos da una visita guiada por el museo de la historia de Grodno y por la ciudad. Los soviéticos destruyeron grandes partes de la ciudad, sustituyeron conventos por edificios oficiales. Aparte tuvo lugar la batalla de Grodno durante la 2ª Guerra Mundial, con lo que obviamente no hay casco viejo ninguno y apenas edificios pre-soviéticos.

Irina es nuestra profesora de rusa. No tiene mucho sentido aprender bielorruso, porque para empezar no hay muchos que lo hablen después de más de 80 años de rusificación. La parafernalia soviética está presente en todos los símbolos oficiales (como este Lenin) y es parte del a cultura popular, como se ve en esta fiesta y en el escudo Nacional (abajo):
No dejéis de ver esta preciosa e impresionante foto de un niño sosteniendo una bandera anterior a Luckashenko prohibida por ser considerada “anti-rusa” por el régimen, ante los soldados.
Hicimos una excursión a Minsk de un día. Allí nos dimos un paseo por el centro, que está bastante bien, aunque es muy diferente de lo que es un centro urbano en Europa Occidental.

Visitamos Minsk en el día lo que supone volver por la noche con sus consiguientes 6 horas de autobús. Dicen que este país es el que más separece a lo que era la Unión Soviética.


Minsk la nuit

Nos han dicho que a pesar de lo cuidados que parecen todos los edificios es todo fachada, nunca mejor dicho, ya que por dentro están en condiciones mucho peores y que todo es parte de la política del régimen para maquillar la cara del país. Desde luego con nosotros habría funcionado perfectamente a no ser que nos hubieran informado bien nuestros amigos locales.