Taller de mimo
Ξ Febrero 28th, 2006 | → 0 Comments | ∇ Otros |
La experiencia de andar sobre el río fue muy intensa para mí, que además ya estaba resignado a no poder hacerlo este año por haber subido ya la temperatura lo suficiente para que no fuera seguro. La foto dice: “La primera vez de Carlos” (sobre el agua helada se entiende).
Cuando el mar Báltico también está bien congelado se puede ir andando hasta una isla que está a pocos kilómetros. Es algo muy diferente de a lo que estamos acostumbrados por otras latitudes.
Que maravilloso es que la gente no vea (tanto) la televisión, (casi) nunca oigas hablar del Gran Hermano ni de Operación Triunfo, ni de ningún programa en absoluto. Es obvio que el nivel cultural medio del alemán joven es mucho más alto que el del español. Aparte del hecho de que casi todo el mundo habla correctamente inglés, es fácil acabar conversando de viajes, política, literatura, geografía, lenguajes… ¿Será por que no ven tanta televisión? ¿O, será que no ven tanta televisión porque son gente inquieta y formada? Supongo que ésta, será una de las cosas que más eche de menos al regresar a España.
Cuando por primera vez me preguntaron Wie geht es dir mit deinem Ofen? (¿Cómo te va con tu Ofen?) yo respondí, pensando en el inglés oven (horno) que suena parecido, que los ni pasteles ni los bizcochos se me daban bien. Esto, sorprendentemente, produjo un montón de carcajadas.
Ofen en mi gordo y caro diccionario Langenscheidt Alemán-Alemán viene definido como: aparato que, con madera o carbón, se utiliza para calentar una habitación (la segunda acepción es similar a la inglesa “oven”, o sea, horno).
En español se podría traducir por hornillo pero, como podéis bien ver en la foto, de hornillo no tiene nada de nada; más bien se trataría de un hornazo. Hay que meter carbón en el ofen al menos una vez al día, y no te preocupes, que olvidarte no te olvidarás, ya se encarga el frío de recordártelo. Esto supone que hay que bajar a por más cada 2 ó 3 días –según lo cargado que vayas– al sótano, donde hay una pequeña montaña de este sucio y antiguo combustible fósil. De todas formas, uno hace lo que puede para que el tiempo que el horno requiere sea lo más divertido posible.
Mi habitación en panorámica. El Ofen a es eso de la derecha.
En la antiguo República Democrática Alemana –Ostdeutschland–, muchas cosas no han cambiado desde la caída del muro y la reunificación. El sistema de calefacción es una de ellas. En Greifswald, como en la mayoría de las ciudades del Bundesland Mecklemburg-Vorpommern, y por extensión toda la Alemania del Este, hay muchos edificios en condiciones muy precarias (el mío visto por fuera da miedo).
Mecklemburgo-Pomerania Occidental es el estado federal más pobre de Alemania del Este, que es lo mismo que decir el más pobre de toda Alemania. No ha sido fácil adaptarse a la economía de mercado.
Anklam, una ciudad muy próxima a Greifswald y también muy similar salvo que no tiene universidad, según he oído tiene el honor de ser la ciudad alemana con la tasa de paro más alta. Las diferencias económicas entre Este y Oeste, lejos de reducirse, no han hecho más que aumentar desde la caída del muro. El cómo y los por qués es un tema inacabable. Por su parte, en la ex RDA se han tenido que acostumbrar al paro, un problema que no tenían con los comunistas.
A veces ser extranjero, no sólo no es un problema sino que ayuda mucho. En Greifswald hay (que yo sepa) aparte de mí, ocho españoles, cuatro chicos y cuatro chicas. Además hay, un mexicano y una mexicana, una escocesa, una inglesa… O sea, que si alguien oye “Carlos der Spanier” todo el mundo sabe de quien se está hablando. POr otro lado, soy un “EVSler” que es como se llama a los que tienen mi beca (link); esto se traduce en que a mí y a Lisa, la otra “EVSler”, nos cuidan mucho: nos preguntan qué tal nos va, nos invitan a comer a la Mensa, nos invitan a fiestas, nos buscan habitación, en fin, nos miman mucho, y se agradece.
Un problema colateral es que mucha más gente te conoce de la que tú conoces. Varias veces por semana tengo que sufrir el recibir un saludo de “alguien” a quien intuyo tendría que conocer, pero no los recuerdo ni de cara. El otro día estaba titubeando en la calle pensando qué camino tomar para llegar a casa, y de repente me encuentro con que un tipo alto y claramente de la acera de enfrente, se me queda mirando tan fijamente que no pude más que decir “Hallo” y mantener una conversación de besugos durante un par de minutos mientras su cara me empiezaba a resultar vaguísimamente familiar…
Y es que al ritmo de 10 personas nuevos al día, es imposible recordar los nombres y nada fácil quedarse con todas las caras. Yo soy una pequeña novedad para ellos, fácilmente recordable, pero ellos son una lista infinta de nombres raros, caras fácilmente olvidables y personalidades difusas. De todas formas ya hay un grupo de personas que no me cuesta recordar, con los que tengo mucho contacto y que pronto empezaré a llamar mis amigos.
Vista general de Greifswald desde lo alto de laDomturm
Otro problemilla, que ya no es personal sino que afecta a todas las personas que habitan Greifswald es que, da igual lo que hagas, lo que digas o lo que pienses, que acaba sabiéndose. Así, el otro día me encontré con que una tarde en la oficina de Gristuf (mi asociación), se burlaban de la compra que había hecho esa misma mañana (mucho vino, cervezas y tomates). Si en el planeta podemos llegar a tener contacto con todos sus habitantes con seis pasos (conocer a alguien que conoce a alguien…), en Greifswald no son seis pasos, sino que en uno o dos, tienes acceso a toda la comunidad universitaria (10.000 estudiantes). Acabaré echando de menos el anonimato de Barcelona y Zaragoza…? De momento no.
La presencia española ha sido mayoritaria. Por supuesto no había franceses ni ingleses, países éstos que parece que hace tiempo han dejado de interesarse por cualquier cosa que tenga que ver con Europa.
Aquí ha sido donde más en mi vida he podido comprobar la archiconocida organización y eficacia alemana Zucht und ordnung! Todo el seminario, había sido cuidadosamente planificado y organizado y todo ha salido con la seda, que es como salen las cosas cuando se han hecho bien los deberes. A ver si aprendemos los del sur. Toda está diligencia y superorganización me ha recordado -por contraste claro- a los eventos que he organizado con AEGEE.